NOTIVIDA, 25-04-01

SEVERA CRÍTICA DE MONS. BASEOTTO A LAS LEYES DE SALUD REPRODUCTIVA

Reproducimos la nota difundida en el día de la fecha por la agencia AICA.

LAS LEYES DE 'SALUD REPRODUCTIVA' SON PEORES QUE EL NAZISMO

Añatuya, ABR 25 (AICA): El obispo de Añatuya, monseñor Antonio Baseotto, dijo que "estamos sufriendo como país un desarraigo de nuestra identidad al pretender sancionar leyes que van contra la cultura católica de nuestro pueblo; al ir imitando formas de proceder ajenas a nuestro ser propio".

Sobre las piezas legislativas que "legitiman la prostitución, que van preparando la aprobación del aborto, que hablan de 'salud reproductiva'", sostuvo que "responden a una mentalidad ante la cual, la del tristemente recordado nazismo, quedaría pálida".

"En la misma campaña de prevención del SIDA  -afirmó-  se niegan sistemáticamente valores cristianos como la castidad y el dominio de sí  mismo.

¿Por qué en un ambiente cristiano no se lo presenta, por lo menos como alternativa, al único medio probado como eficaz?".

Por otra parte, "las presiones en la educación denuncian también la inspiración en ideologías materialistas de diverso color. Una minoría influyente tiene la habilidad de distorsionar una ley federal de Educación que se inspira en la consulta popular (Congreso Pedagógico). Y mediante reglamentaciones que ahogan el espíritu de la ley, pretenden instalar una educación sin Dios ni trascendencia".

No olvidar la historia

A su juicio, "los argentinos hoy dejamos la impresión de sentirnos como hombres sin historia ni futuro" y "hemos achicado peligrosamente nuestros horizontes y nuestras perspectivas".

El prelado explicó que "nuestra historia no comenzó en el 78 (ni en los años previos, los de aquella guerrilla de inspiración marxista que creó un clima de inseguridad e impunidad del delito que muchos han olvidado).

Tampoco en 1816, ni en 1810. Nuestra historia hunde sus raíces a través de España, en la cultura cristiana europea y más allá: Roma, Grecia, Jerusalén.
Y en nuestro propio territorio, la sangre indígena que, si fue derramada en especial después de la independencia (lo que no siempre dicen nuestros libros de texto), sin embargo manifiesta su influencia en rasgos propios que identifican al argentino: somos diferentes de los ciudadanos de otros países latinoamericanos aun vecinos".

Consideró que "es importante en este tiempo de globalización entrar profundamente en las raíces de la historia propia para mantener la identidad. Es la forma de contribuir activamente a la cultura que emerge en
este comienzo de siglo y de milenio. Es nuestro aporte a la historia de la humanidad".

Un "rasgo cultural" propio del argentino es su "fe católica", y eso le dio fuerzas para defender la "Gran Aldea" durante las invasiones inglesas, le dio identidad en la declaración de la independencia, el 9 de julio de 1816, y le permitió "cultivar valores como la hospitalidad, la unidad familiar, la capacidad de recibir al extranjero haciéndolo sentir en casa, etc."

Monseñor Baseotto recomendó que "si queremos ser nosotros mismos, no sólo no debemos renegar de nuestra historia, sino conocerla mejor y contar conella a la hora de tomar decisiones en campos tan vitales como la educación, la convivencia ciudadana, el respeto por los derechos humanos".

En cuanto al futuro, el pastor santiagueño opinó que éste "se reduce, especialmente en el ámbito político e institucional civil, hasta las próximas elecciones, como si ahí terminara la historia. Y esa forma de mirar es evidentemente condenar a la sociedad a un permanente cambio de rumbo.

Así, la comunidad argentina está como un estudiante universitario que cada año cambia de carrera... ¿Llegará a algo?"

Monseñor Baseotto subrayó que "al reducir peligrosamente los horizontes de nuestra existencia y de nuestro futuro, nos negamos a vivir en plenitud. Y en el fondo, ésta es la causa de por qué en nuestra patria vivimos con tanta inseguridad e insatisfacción: no queremos admitir nuestra realidad".

Hacerlo sería reconocer que "se ha dilapidado la herencia. Somos pobres de solemnidad, y como tales, debemos arremangarnos y trabajar", porque "hemos caído muy profundamente" y se ve "de manera evidente en lo económico", aunque la crisis sea "profundamente ética y moral".

"Los medios de comunicación  -expresó-  la llaman corrupción. Los cristianos la llamamos pecado: no mentir, no robar... son tan viejos como el decálogo, como el hombre. ¿Y no son acaso las causas reales de la crisis?

Mentir, llámese promesas electorales, diplomacia, procedimiento comercial.

Robar: desde sobresueldos, coimas, arreglos, facturaciones fraudulentas, evasiones de impuestos, hasta el incumplimiento de los propios deberes (el alumno que no estudia o el obispo que no trata bien a la gente)".

Por último, el obispo de Añatuya habló de la necesidad de "mirar el futuro con horizontes más amplios, los que nos mueven a decir: 'Venga a nosotros tu Reino'. Ese Reino que comienza en esta historia nuestra de cada día, en la medida que la cultura del egoísmo (de la mentira y de la injusticia) la reemplazamos por la civilización del amor (de la verdad, del trabajo, la honestidad, el respeto, la solidaridad). Ese reino en la tierra está en permanente realización y es responsabilidad nuestra (de los cristianos) hacerlo realidad".

"No podemos  -concluyó-  soñar con la utopía de un paraíso en la Tierra.

Ahí está la historia milenaria de la humanidad para desengañarnos. Sí tenemos el desafío de aproximarnos lo más posible, con el esfuerzo diario en la cultura del trabajo como tarea previa, a la civilización del amor como contenido de valores que hacen digna la vida del hombre".+

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NOTIVIDA, Año I, Buenos Aires, 25-04-01

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